La práctica de la filosofía de la psicología

Fernando Martínez Manrique
Departamento de Filosofía I, Universidad de Granada, España

(cc) Fiona SaimanEn este artículo se examinan tres grandes modos de practicar la filosofía de la psicología: 1) como filosofía de la ciencia interesada en evaluar las controversias teóricas y en caracterizar la naturaleza de la explicación psicológica; 2) como aportación a la ciencia cognitiva en términos de sistematización e integración conceptual de un dominio determinado, especialmente los temas centrales que atañen a los fundamentos de la concepción general de la mente; y 3) como filosofía de la mente que utiliza los resultados en psicología para abordar las preocupaciones tradicionales de este ámbito.

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La reciente publicación de un companion sobre filosofía de la psicología (Symons y Calvo, 2009) es una buena excusa para reflexionar acerca del estado actual de esta disciplina. En este artículo me propongo ofrecer un breve panorama de los modos actuales de practicarla (véase Martínez Manrique, 2010, para un tratamiento más completo).

En una primera aproximación, la filosofía de la psicología podría verse como la filosofía de una ciencia particular cuyos temas principales conectan con los intereses típicos del filósofo de la ciencia, como la naturaleza de la explicación y de las teorías científicas, el realismo, las relaciones interteóricas, la reducción o problemas de metodología de la ciencia. Sin embargo, el trabajo se encuentra cada vez más entrelazado con el de la propia disciplina, adquiriendo un corte crecientemente naturalista en el que la filosofía de la psicología forma parte de la psicología misma. Lo que complica la caracterización de la filosofía de la psicología, tal como señala Wilson (2006), es su relación con la filosofía de la mente. Ésta no se considera parte de la filosofía de la ciencia, tiene una agenda de temas tradicionales propios y en ella el análisis a priori es una de las prácticas habituales. Estos tres ámbitos, la filosofía de la ciencia, la ciencia cognitiva y la filosofía de la mente, constituyen tres grandes modos de practicar la filosofía de la psicología, cuyos rasgos generales paso a describir; si bien antes habría que recordar que a ellos se podría agregar un cuarto ámbito, del que no me ocuparé en este artículo, en el que la filosofía de la psicología se convierte en herramienta o vehículo mismo de la filosofía fenomenológica, donde se redefinen los conceptos de realidad, subjetividad, cuerpo, alteridad, etc., en la línea que reflejan Gallagher y Zahavi (2008).

En primer lugar, respecto a la filosofía de la psicología como filosofía de la ciencia, una gran cantidad del trabajo se ha dedicado a caracterizar y evaluar las principales controversias teóricas y a clarificar la naturaleza de la explicación psicológica. El carácter interdisciplinar de la ciencia cognitiva hace que su análisis filosófico deba enfrentarse a la cuestión de las relaciones entre las distintas disciplinas. Un problema capital es el de si existe unificación explicativa, es decir, teorías cognitivas que corten a través de los ámbitos disciplinares, con terminología y recursos explicativos de cada una de ellas, o si, por el contrario, las teorías se construyen necesariamente dentro de cada una de las distintas áreas. Los problemas se planteaban inicialmente en las relaciones entre psicología e inteligencia artificial, donde el concepto clave era el de realización o implementación, pero el péndulo se ha ido desplazando progresivamente hacia los problemas de las relaciones entre psicología y neurociencia, donde el concepto clave es el de reducción.

En segundo lugar, el carácter naturalista que ha ido adquiriendo la filosofía de la psicología tiene dos lecturas: una en la que la filosofía utiliza los desarrollos en ciencia cognitiva para abordar sus propias preocupaciones tradicionales y otra en la que el filósofo comparte preocupaciones con el científico cognitivo. En este caso, sus temas de estudio son virtualmente los mismos que los del psicólogo (percepción, representación, procesos cognitivos…), si bien en un mayor grado de abstracción conceptual. La tarea del filósofo en este ámbito no es la de proporcionar nuevos datos empíricos, sino la de sistematizar e integrar conceptualmente los resultados de un dominio determinado, aunque también juegan un papel de generador de teorías en los considerados temas centrales de la filosofía de la psicología (intencionalidad, racionalidad, innatismo y arquitectura mental).

En tercer lugar, diversos autores (Bermúdez, 2005; Symons y Calvo, 2009) consideran la filosofía de la psicología como un desarrollo de filosofía de la mente que se va independizando. Según Bermúdez, la filosofía de la psicología se ocupa primariamente de la naturaleza y los mecanismos de la cognición, y carece del aislamiento respecto al trabajo científico con el que parecen contar los debates tradicionales en filosofía de la mente. Un vistazo a compendios recientes, como el de Symons y Calvo, muestra que no queda mucho de filosofía de la mente en la práctica actual de la filosofía de la psicología. Así, las entradas de su companion que abordan de manera directa temas reconocibles en cualquier manual estándar de filosofía de la mente se reducen a funcionalismo, psicología folk, contenido mental y consciencia, quizás junto con los del lenguaje del pensamiento y el color. A pesar de todo, ambas filosofías siguen conectando en un ámbito temático central, la intencionalidad, aunque con una diferencia de énfasis. En filosofía de la mente el análisis de la intencionalidad está vinculado a cuestiones de filosofía del lenguaje: el problema del contenido mental y el del significado se abordan como dos caras de la misma moneda. En filosofía de la psicología, sin embargo, interesan más los tratamientos de la intencionalidad desde el problema de la representación.

De estos tres modos de practicar la filosofía de la psicología, la tendencia actual que deja traslucir el companion es la de hacerlo como científico cognitivo antes que como filósofo de la ciencia o de la mente. Esto podría producir una separación creciente de la filosofía de la mente. El hecho de que ésta tenga aún peso en un tema central como la intencionalidad puede mitigar la tendencia en la medida en que aporte recursos conceptuales al debate. No obstante, también es posible que la filosofía de la psicología arrastre en su estela a la filosofía de la mente, de manera que, antes que una separación, lo que se produzca sea una transformación definitivamente naturalista de esta última.

Referencias

Bermúdez, J. L. (2005). Philosophy of Psychology: A Contemporary Introduction. Londres, Routledge.

Gallagher, S., y Zahavi, D. (2008). The Phenomenological Mind: An Introduction to Philosophy of Mind and Cognitive Science. New York, Routledge.

Martínez Manrique, F. (2010). El estado de la filosofía de la psicología. Teorema, 29, 175-196.

Symons, J y Calvo, P. (2009). Routledge Companion to Philosophy of Psychology. New York, Routledge.

Wilson, R. A. (2006). Philosophy of Psychology. En S. Sarkar y J. Pfeifer (eds.) The Philosophy of Science: An Encyclopedia. New York, Routledge.

Manuscrito recibido el 28 de octubre de 2010.
Aceptado el 15 de diciembre de 2010.

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