Una mandíbula de 1,2 millones de años, hallada en Atapuerca, obliga a replantear la genealogía del género humano

Carlos Alberto Marmelada
Centro Educativo Mestral de Igualada, Barcelona, España

(c) EIA/Jordi MestreEl hallazgo de una mandíbula de 1,2 millones de años de antigüedad, encontrada en la burgalesa Sierra de Atapuerca, ha supuesto la confirmación de la ocupación temprana de Europa por parte de los humanos. Aunque sus descubridores asocian esta mandíbula a la especie Homo antecessor, hay científicos que prefieren ser prudentes y esperar al descubrimiento de nuevos restos para confirmar estas hipótesis.

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A principios de los años 90 del siglo pasado se produjo un vivo debate en torno a si Europa fue habitada por los humanos en fechas tan tempranas cómo hace más de un millón de años, o si éstos llegaron por primera vez al Viejo Continente mucho más tarde, en torno a hace medio millón de años. Esta polémica se había originado a partir de las dificultades de datación de los yacimientos europeos más antiguos encontrados hasta aquellos momentos.

En efecto, desde finales del siglo XIX y a lo largo de las primeras décadas del siglo XX, se fueron descubriendo una serie de yacimientos que presentaban restos de industria lítica muy elemental. Estos artefactos se habían localizado en contextos estratigráficos que se correspondían a fechas muy tempranas; las más antiguas llegaban hasta 1,8 millones de años (m. a.). Algunos de estos yacimientos se encuentran en el Macizo Central Francés, como son los de Soleilhac, Chilhac o Saint Eble. Por este motivo se sostenía que los humanos habrían llegado a Europa hace mucho tiempo. Sin embargo, estos sitios resultan controvertidos porque presentan problemas de datación (quizá se trate de yacimientos envejecidos) o de autenticidad respecto al origen antrópico de la supuesta industria lítica allí encontrada, ya que aún se ha de descartar totalmente la posibilidad de que los presuntos artefactos sean en realidad producto de la erosión natural de la piedra.

En mayo de 1994, la prestigiosa revista Nature publicó un artículo en el que un equipo de investigación inglés afirmaba que los humanos no habían podido poblar Europa hace más de medio millón de años porque no aparecían fósiles de nuestro género asociados a los restos de un pequeño roedor, Mimomys savini, que se había extinguido justo en esa fecha.

En España, los codirectores de los trabajos de investigación realizados en la burgalesa Sierra de Atapuerca estaban convencidos de que en el yacimiento de la Gran Dolina había pruebas que confirmaban una ocupación humana de Europa anterior a lo que hasta entonces se suponía, de modo que enviaron un equipo especial de choque para realizar una cata o exploración en niveles inferiores a los que correspondía trabajar en aquellas fechas. Fue así como el 8 de julio de 1994 la arqueóloga Aurora Martín descubría en el nivel 6 de la Trinchera Dolina (TD6) un diente que pertenecía a un homínido que tenía una antigüedad de 800.000 años, establecida por paleomagnetismo y fauna comparada. Esa misma mañana se encontraron más fósiles humanos, restos de herramientas y fósiles de M. savini. La tesis que defendía el poblamiento tardío de Europa se venía abajo. Los descubrimientos de TD6 daban la razón a los partidarios de las cronologías largas. Los restos hallados se asignaron a una nueva especie: Homo antecessor (Bermúdez de Castro, Arsuaga, Carbonell, Rosas, Martínez y Mosquera, 1995).

(c) EIA/Jordi MestreLa publicación de nuevos fósiles (Carbonell y col., 2008) ha dejado zanjada definitivamente esta cuestión. Se trata de una mandíbula, asociada a dientes, con una antigüedad de 1,2 m. a., lo que la convierte en el resto fosilizado de nuestro género más antiguo hallado hasta la fecha en el interior de Europa. Sus descubridores sostienen que también pertenece a Homo antecessor (algo que algunos especialistas consideran todavía prematuro). Los nuevos fósiles tendrían, por lo tanto, 400.000 años más que los descubiertos en 1994. Pero lo cierto es que su antigüedad incluso podría ser mayor, dado que los métodos de datación incluyen siempre un cierto margen de error, de modo que no sería de extrañar que pudieran alcanzar hasta 1,4 m. a.

La mandíbula fue hallada el sábado 30 de junio de 2007 en el nivel 9 de la Trinchera del Elefante (TE9). El martes anterior se había descubierto un diente (concretamente un premolar) que se supone perteneció al mismo individuo; lo encontró la joven paleontóloga Rosa Huguet. La mandíbula estudiada conserva algunos dientes, todos con cierto desgaste. No se puede determinar si el individuo en cuestión era un hombre o una mujer, pero lo que sí parece estar claro es que era un adulto, aunque no demasiado mayor, quizás entre 20 y 25 años.

La cuestión fundamental a la que afecta este descubrimiento tan espectacular hace referencia a la filogenia humana. Hasta ahora los codirectores del equipo de Atapuerca opinaban que Homo antecessor se había originado en África (probablemente a partir de Homo ergaster) y desde allí se habría expandido hacia Europa (dando lugar a los Homo heidelbergensis y éstos a los Homo neanderthalensis) y hacia el sur del continente africano (en donde habría originado a los Homo sapiens, probablemente a través de los Homo rhodesiensis). Pues bien, esta filogenia, que ya había sido cuestionada por algunos investigadores, es ahora reformulada por los directores de los yacimientos de Atapuerca a la luz de los nuevos descubrimientos realizados en la sierra burgalesa y, sobre todo, en Dmanisi.

La propuesta actual consiste en afirmar que algunos descendientes de los primeros humanos (Homo habilis y Homo rudolfensis), fruto de la necesidad de obtener recursos para sobrevivir, habrían abandonado África a través de la península del Sinaí hasta llegar a Dmanisi, en las estribaciones meridionales del Cáucaso, dando lugar a Homo georgicus. Desde ahí unos grupos de Homo georgicus se habrían dirigido hacia el sudeste asiático y habrían dado lugar a los Homo erectus clásicos; y otros se habrían adentrado en Europa evolucionando hacia Homo antecessor, que, de este modo, pasaría a ser la primera especie humana de origen estrictamente europeo.

Naturalmente, siguen en pie muchos interrogantes. Por ejemplo, ¿cuál fue, entonces, el origen de nuestra especie? ¿Qué ruta siguieron los primeros pobladores de Europa? Lo que sí queda definitivamente confirmado es que el poblamiento de Europa fue mucho más antiguo de lo que se suponía hasta hace unos pocos años, tal como sugería la presencia de una industria lítica contrastada como la de los yacimientos granadinos de Fuente Nevada 3 y Barranco León con una antigüedad de 1,3 m. a. Sin embargo, nunca, hasta ahora, se había encontrado en el interior de Europa un fósil humano que tuviera una antigüedad tan grande como la de esta mandíbula.

Referencias

Bermúdez de Castro, J. M., Arsuaga, J. L., Carbonell, E., Rosas, A., Martínez, I. y Mosquera, M. (1995) A hominid from the Lower Pleistocene of Atapuerca, Spain: Possible ancestor to neandertals and modern humans. Science, 269, 826-830.

Carbonell, E., Bermúdez de Castro, J. M, Parés, J. M., Pérez-González, A., Cuenca-Bescós, G., Ollé, A., Mosquera, M., Huguet, R., van der Made, J., Rosas, A., Sala, R., Vallverdú, J., García, N., Granger, D. E., Martinón-Torres, M., Rodríguez, X. P., Stock, G. M., Vergès, J. M., Allué, E., Burjachs, F., Cáceres, I., Canals, A., Benito, A., Díez, C., Lozano, M., Mateos, A., Navazo, M., Rodríguez, J., Rosell, J. y Arsuaga, J. L. (2008) The first hominin of Europe. Nature, 452, 465-469.

Roberts, M. B., Stringer B. C. & Parfitt, S. A. (1994) A hominid tibia from Middle Pleistocene Sediments at Boxgrove, UK. Nature, 369, 311-313.

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