Reacciones a ser rechazado socialmente: ¿luchar o no hacer nada? La fusión de la identidad como moderador de las respuestas al ostracismo

Ángel Gómez (a), J. Francisco Morales (a), Sonia Hart (b), Alexandra Vázquez (a) y William B. Swann Jr. (b)
(a) Dept. de Psicología Social y de las Organizaciones, Universidad Nacional de Educación a Distancia, España.
(b) Dept. of Psychology, Universidad de Texas, EEUU.

(c) Miguel Martínez. Todos los derechos reservados.

(c) Miguel Martínez. Todos los derechos reservados.

Que nos rechacen y excluyan socialmente es psicológicamente doloroso. Ante tal situación, podemos reaccionar, en general, de dos formas: realizar acciones compensatorias que muestren nuestra lealtad al grupo, o lamentarnos y tratar de distanciarnos de la fuente de tan dañino comportamiento. En este artículo mostramos que estar o no fusionado con un grupo determina si optaremos por la primera de las alternativas, luchar, o por la segunda, no hacer nada.

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El ostracismo consiste en ser rechazado y excluido, y supone una amenaza para necesidades humanas tan importantes como la pertenencia, el auto-ensalzamiento, o el reconocimiento social. Por tanto, tiene sentido que, para algunas personas, la reacción inmediata al ostracismo sea tratar de ser aceptado por los demás. Otras, en cambio, responden alejándose del grupo que las ha rechazado mediante diversas estrategias como invalidar la fuente del rechazo concluyendo que no se les conoce bien, mostrar desinterés por continuar la relación con ellos, o responder de manera agresiva o violenta hacia ellos. Pero, ¿quién opta por emprender acciones compensatorias para ser aceptado, y quién por escapar del grupo o incluso atacarlo?

Investigaciones recientes han mostrado que la fusión de la identidad es un moderador de las posibles respuestas al ostracismo (Gómez, Morales, Hart, Vázquez y Swann, 2011). La fusión de la identidad es un sentimiento visceral de unión con el grupo. Esta unión permite que los límites entre uno mismo y el grupo sean permeables, de modo que el individuo fusionado percibe que el grupo y él mismo son una sola cosa. La consecuencia es que estas personas harían por el grupo lo que harían por sí mismos, y esto se refleja especialmente en la disposición a realizar comportamientos extremos por el grupo.

Cuatro principios capturan las diferencias más importantes entre fusión e identificación con un grupo. En la fusión es característico: 1) un fuerte sentimiento de agencia personal (ser capaz de realizar y controlar individualmente conductas en favor del grupo); 2) sinergia de la identidad (la identidad personal y social se combinan sinérgicamente para motivar el comportamiento a favor del grupo); 3) lazos relacionales (se valora a otros miembros del grupo no sólo por su pertenencia a él, sino por sus características personales); y 4) irrevocabilidad (una vez que alguien está fusionado con un grupo, permanece fusionado).

La investigación previa ha demostrado que las personas que están fusionadas con un grupo, en comparación con las que no están fusionadas, se muestran más dispuestas a luchar y morir por el grupo, realizan mayores donaciones económicas al grupo, presentan un mejor rendimiento en una tarea en un ordenador relacionada con el grupo, e incluso manifiestan estar dispuestas a sacrificarse saltando a la vía de un tren, si es necesario, para salvar a los miembros de su grupo (véase Swann, Jetten, Gómez, Whitehouse y Bastian, 2012). La identificación con el grupo no predice ninguna de estas variables.

La pregunta que nos ocupa es: ¿puede la fusión de la identidad predecir qué personas estarán dispuestas a luchar por su grupo como reacción compensatoria al ostracismo, y quiénes se limitarán a no hacer nada? Gómez y cols. (2011) realizaron cuatro experimentos online con estudiantes universitarios, todos en dos fases y con un procedimiento similar. Durante la primera fase, los participantes respondían a la medida pictórica de fusión de la identidad (véase la Figura 1), y a una medida de identificación con el grupo, ambas con respecto a la categoría “España”. Para medir la fusión de la identidad, se presentan al participante una serie de parejas de círculos, uno pequeño representándole a él mismo, y otro grande representando al grupo, y se le pregunta cuál es la figura que mejor representa su relación con el grupo. A quienes eligen la opción E se les considera “fusionados”, mientras que a los que eligen cualquiera de las otras opciones se les considera “no fusionados”.

Figura 1

Figura 1.- Medida pictórica de fusión de la identidad.

En la segunda fase se decía a los participantes que iban a formar parte de una sesión de chat online con otros alumnos, pero que para ubicarlos en un grupo adecuado debían realizar una tarea previa. Tras dicha tarea, mientras que algunos participantes eran aceptados para continuar, otros eran excluidos de la sesión de chat por diferentes motivos según el experimento. Todos los participantes rellenaban posteriormente un cuestionario donde debían responder a una escala que medía su disposición a luchar y morir por su país.

Los participantes eran excluidos por un exogrupo (estudiantes de otros países europeos) debido a su nacionalidad (Experimento 1) o a sus preferencias personales (Experimento 2), o excluidos por el endogrupo (estudiantes de su propio país) debido a sus preferencias personales (Experimento 3), o por ser “demasiado buenos” en una tarea intelectual (Experimento 4). En la Figura 2 se muestra el resultado de los cuatro experimentos. Los no fusionados muestran niveles bajos de disposición a luchar y morir por el grupo, y similares en las condiciones de inclusión y ostracismo. En cambio, los fusionados muestran niveles más elevados, que además se incrementan significativamente en las condiciones de ostracismo. Esta mayor disposición de los fusionados en las condiciones de ostracismo que en las de inclusión sugiere que la mayor disposición a luchar y morir por el grupo es una reacción compensatoria al ostracismo.

Figura 2

Figura 2.- Disposición a luchar y morir por el grupo (“España”), en un rango de -3 (“totalmente en desacuerdo”) a 3 (“totalmente de acuerdo”) en función de la razón del ostracismo y la fusión con dicho grupo, en cuatro experimentos que varían en función de qué grupo rechazó a los participantes y la razón por la cual fueron rechazados: A- Excluidos por el exogrupo (estudiantes extranjeros) por la nacionalidad; B- Excluidos por el exogrupo por preferencias personales; C- Excluidos por el endogrupo (estudiantes españoles) por preferencias personales; y D- Excluidos por el endogrupo por ser “demasiado buenos”.

Los resultados muestran que la fusión de la identidad modera las reacciones al ostracismo. Aquellas personas que tienen un sentimiento visceral de unión con el grupo realizan acciones compensatorias a favor del grupo cuando son excluidos por un exogrupo y/o por el propio grupo, incluso cuando la razón es la sobrecualificación. Resumiendo, la presente investigación muestra cómo un proceso psicológico de fuerte vinculación personal con un grupo diferencia a aquellas personas que luchan por su grupo de aquellas que “no hacen nada” cuando son rechazadas y excluidas por cualquier motivo.

Referencias

Gómez, A., Morales, J. F., Hart, S., Vázquez, A., y Swann, W. B., Jr. (2011). Rejected and excluded forevermore, but even more devoted: Irrevocable ostracism intensifies loyalty to the group among identity fused persons. Personality and Social Psychology Bulletin, 37, 1574–1586.

Swann, W. B. Jr., Gómez, A., Seyle, C., Morales, F., y Huici, C. (2009). Identity fusion: The interplay of personal and social identities in extreme group behavior. Journal of Personality and Social Psychology, 96, 995-1011.

Swann, W. B. Jr., Jetten, J., Gómez, A., Whitehouse, H., y Bastian, B. (2012). When group membership gets personal: A theory of identity fusion. Psychological Review, doi: 10.1037/a0028589. Avance de publicación online, 28 de Mayo.

Manuscrito recibido el 12 de julio de 2012.
Aceptado el 4 de diciembre de 2012.

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