La capacidad de actualizar información inferencial en la lectura

Ana I. Pérez Muñoz
Dept. de Psicología Experimental, Universidad de Granada, España

(cc) Christos Tsoumplekas.

(cc) Christos Tsoumplekas.

Durante la comprensión lectora, el proceso de actualización inferencial nos permite sustituir una idea del texto que hayamos generado equívocamente por otra más plausible que aún está por confirmar. Esta habilidad parece depender de nuestra capacidad de Memoria de Trabajo, la cual nos ayuda a mantener una representación coherente de lo que estamos leyendo, mientras que comprendemos la información posterior y descartamos ideas que hemos podido interpretar de forma errónea. El entrenamiento en actualización inferencial a edades tempranas podría beneficiar la comprensión lectora de textos a lo largo de toda la vida.

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El buen lector es aquél que es capaz de construir una representación mental del texto integrada, coherente y certera. Para alcanzar este nivel de comprensión, la persona debe combinar la información que se describe en el texto con su conocimiento sobre el mundo, construyendo lo que se llama el “modelo situacional” (Kintsch y van Dijk, 1978).

Entre las operaciones necesarias para formar una buena representación de lo que leemos se encuentran la habilidad de generar inferencias (p. ej., si hay “un animal que quiere cazar un ratón”, es probable que generemos la idea de “gato”) y la de actualizar información previa (p. ej., si ahora se dice que el animal es un perro, deberemos actualizar la representación de “gato” por la de “perro”). La elaboración de inferencias se relaciona fuertemente con el conocimiento que el lector tiene sobre el mundo, ayudando en la interpretación de las ideas sustanciales del texto y dando sentido a la comprensión; la actualización de información obsoleta por nueva conlleva el descarte de la primera interpretación y su reemplazo por la información actual del texto. Además, la combinación de ambos procesos (generación de inferencias y actualización) también es posible (p. ej., si en vez de informarse que el animal es un perro se dice que “el animal ladró fuertemente” tendremos que generar la inferencia de “perro” y reemplazar la de “gato”). Sorprendentemente, en la actualidad poco se conoce sobre este proceso combinado de actualización inferencial.

Tanto la generación de inferencias como la actualización de información parecen depender de procesos de memoria (p. ej., St. George, Mannes y Hoffman, 1997; Carretti, Cornoldi, De Beni y Romanò, 2005). La Memoria de Trabajo (MT) es el sistema que nos permite mantener y manipular información en tareas complejas como el aprendizaje, el razonamiento o la comprensión lectora. Por tanto, la MT podría modular la habilidad de actualizar información inferencial por dos razones: primero, porque el lector debe ser capaz de mantener la representación del texto para poder detectar cualquier cambio posterior, y segundo, porque si la nueva información fuerza una inferencia incompatible con la interpretación previa, el lector tendrá que manipular dicha información para actualizar el modelo situacional.

Recientemente, un estudio con niños de 9 y 11 años ha demostrado la existencia de diferencias individuales en el procesamiento de información inconsistente (Orrantia, Múñez y Tarín, 2013). Concretamente, se presentaban textos narrativos con una introducción de dos frases (p. ej., “Juan era un pastor que cuidaba de ovejas. El pastor tenía un rebaño de ovejas situado en la montaña”) seguida de información referida a las intenciones del personaje y de información sobre una acción posterior. La información sobre la intención podía ser consistente (p. ej., “El pastor quería aumentar el tamaño de su rebaño porque este año había buen material”) o inconsistente (p. ej., “El pastor quería disminuir el tamaño de su rebaño porque este año había poco material”) con la acción posterior (p. ej., “[En el mercado de ganado] el pastor compró algunas ovejas. Las ovejas fueron una ganga”).

Los autores observaron que todos los niños tardaron más tiempo en la lectura de la acción cuando la información era inconsistente frente a cuando era consistente con la intención del personaje. A su vez, los niños más pequeños fueron menos capaces que los niños más mayores de detectar la inconsistencia, ya que necesitaron de una ilustración para poder detectarla. Esta detección de inconsistencia conlleva tanto la predicción de la acción del personaje (generación de inferencia), como la modificación de la acción que se esperaba (actualización del modelo situacional). A pesar de esto, Orrantia y cols. (2013) sólo explican las diferencias de MT que existen entre niños de 9 y 11 años en base a su capacidad para integrar información distante, sin mencionar la dificultad adicional de crear una representación mental inferencial y posteriormente actualizarla con información nueva. Además de facilitar el mantenimiento de información distante en el texto, la mejora en MT asociada a la edad también puede explicarse en términos de generación de inferencias y actualización de información. En este sentido, los datos de Orrantia y cols. (2013) nos sugieren que, en ausencia de imágenes, los niños más mayores tienen mejor capacidad para 1) generar información que no aparece explícitamente en la historia (como la acción del personaje); y/o 2) sustituir una interpretación previa inconsistente por información nueva (actualización del modelo). En futuras investigaciones sería importante aclarar si estas diferencias individuales dependen de uno de estos dos procesos, o de la participación conjunta de ambos.

De todos estos hallazgos se desprenden varias ideas fundamentales: primero, el proceso de actualización inferencial está implicado en la comprensión lectora; segundo, las diferencias individuales en MT pueden condicionar la comprensión de información no explícitamente mencionada en el texto, de manera que los lectores con baja MT necesitarán más tiempo de lectura que los de alta MT; tercero, el uso de ilustraciones a edades tempranas puede beneficiar tanto la capacidad de extraer información inferencial del contexto descrito como su posible modificación por una interpretación nueva. Por último, es de esperar que la lectura de textos que requieren actualización inferencial mejore la comprensión lectora de niños a los que les resulta difícil llevar a cabo estos procesos, por ejemplo, haciendo que lean textos donde los personajes puedan cambiar de objetivo, y pregúntadoles sobre las intenciones que tienen esos personajes.

Referencias

Carretti, B., Cornoldi, C., De Beni, R. y Romanò, M. (2005). Updating in working memory: A comparison of good and poor comprehenders. Journal of Experimental Child Psychology, 91, 45–66.

Kintsch, W. y Dijk, T. A. (1978). Toward a model of comprehension and production. Psychological Review, 85, 363-394.

Orrantia, J., Múñez, D. y Tarín, J. (2013). Connecting goals and actions during reading: The role of illustrations. Reading and Writing. doi:http://dx.doi.org/10.1007/s11145-013-9437-4

St. George, M., Mannes, S. y Hoffman, J. E. (1997). Individual differences in inference generation: An ERP analysis. Journal of Cognitive Neuroscience, 9, 776–787.

Manuscrito recibido el 5 de julio de 2013.
Aceptado el 16 de septiembre de 2013.

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